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25 may. 2023
Jeep, la marca del frontal con 7 ranuras, o no
La calandra de los Jeep, con su rejilla de siete franjas, se ha convertido en todo un icono y en una seña de identidad de la marca. Sin embargo, no todos los Jeep han exhibido siete ranuras en su frontal. El Jeep Willys Overland salió de la mesa de diseño con una docena de ranuras en la calandra. Sin embargo, el Ejército de Estados Unidos, las redujo a nueve, como en la propuesta de Ford, para lograr una pieza estándar y fácilmente sustituible, independientemente del fabricante. Habría que esperar al final de la Guerra para ver por primera vez el característico frontal de siete franjas. Sería a bordo del Jeep CJ, pensado para un uso civil. La homologación de este modelo obligó a diseñar unos faros más grandes, en detrimento del número de rejillas.
- La calandra de los Jeep, con su rejilla de siete franjas, se ha convertido en todo un icono y en una seña de identidad de la marca. Sin embargo, no todos los Jeep han exhibido siete ranuras en su frontal.
- El Jeep Willys Overland salió de la mesa de diseño con una docena de ranuras en la calandra. Sin embargo, el Ejército de Estados Unidos, las redujo a nueve, como en la propuesta de Ford, para lograr una pieza estándar y fácilmente sustituible, independientemente del fabricante.
- Habría que esperar al final de la Guerra para ver por primera vez el característico frontal de siete franjas. Sería a bordo del Jeep CJ, pensado para un uso civil. La homologación de este modelo obligó a diseñar unos faros más grandes, en detrimento del número de rejillas.
Madrid, 25 de mayo de 2023 – Decir Jeep es decir un frontal con siete ranuras y dos faros redondos. Un diseño atemporal que se ha ido transformando en una seña de identidad de la marca hasta convertirse en un logotipo. Pero esto no siempre ha sido así. Si, en la actualidad, algunos modelos Jeep se salen de la ortodoxia con grupos ópticos alargados, como el Avenger, el Compass o el Grand Cherokee, en el pasado hubo Jeep que exhibieron más de siete franjas en su frontal.
Los orígenes de Jeep son muy conocidos: el 15 de julio de 1941, casi 5 meses antes de la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, el Gobierno americano firmaba con Willys Overland un contrato para proveer al Ejército con un novedoso vehículo multiusos de un cuarto de tonelada: el “General Purpose Vehicle”, más conocido por sus iniciales Jeep MB.
La propuesta inicial tenía una calandra con más de una docena de rejillas para refrigerar el motor. Sin embargo, los militares impusieron el frontal con 9 ranuras presentado por Ford, con el fin de estandarizar el diseño y disponer de elementos fácilmente intercambiables.
Sin embargo, existen varias teorías y leyendas sobre esta decisión como la posibilidad de utilizar este componente como parrilla para cocinar o el hecho de que esta pieza mantenía unido todo el frontal. La realidad es que esta alternativa se impuso por ser la más ligera.
El Jeep fue todo un éxito como automóvil militar. En total, se fabricaron 650.000 unidades de este modelo durante la contienda, que acompañaron a las tropas Aliadas por todos los frentes de batalla. Diseñado para transportar soldados, su polivalencia le convirtió en vehículo de mando, ambulancia, soporte de lanzacohetes, quitanieves o remolcador de piezas de artillería con un rendimiento sobresaliente.
Con la llegada de la ansiada paz en 1945, estaba por ver si el Jeep podía hacer valer su practicidad, su carácter todoterreno y su robustez en la vida civil. El concepto dio una nueva muestra de polivalencia y capacidad de adaptación con la llegada del Jeep CJ-2, que sumaba a las prestaciones del modelo bélico un espacio de carga trasero, remolque y techo de tela, aunque mantenía su espíritu espartano. Del caqui militar se pasó a combinaciones de colores vivos como el verde brillante, el amarillo o el rojo.
Estos cambios estéticos no llegarían solos. De la disciplina castrense, el Jeep debía pasar a otras normas no menos severas: las de la administración de tráfico americana. Para poder recorrer las calles y las carreteras de los Estados Unidos, los Jeep debían equipar faros más grandes. Esto obligó a rediseñar el frontal, que perdería dos rejillas respecto a las versiones bélicas, quedándose en las icónicas siete que caracterizan a los Jeep hasta nuestros días.
Un número mágico que ha dado lugar a interpretaciones más o menos esotéricas, como que se rinde homenaje a los siete continentes en los que, desde el punto de vista estadounidense, combatió el Jeep, a los siete mares, las siete cumbres, los siete pilares de la sabiduría o los siete colores del arco iris.
En total, se vendieron 1,5 millones de las diversas generaciones del “Jeep Civil” entre 1945 y 1986. Al año siguiente, llegó al mercado el Jeep Wrangler, heredero del espíritu y la versatilidad del modelo original.
Todos los CJ y Wrangler se mantuvieron fieles a las siete franjas, salvo algunas versiones de este último modelo subieron hasta las nueve. Sin embargo, otros modelos como el Jeep Cherokee exhibieron una docena de franjas en los años 70 y 80 hasta llegar a las 8 en la década de 1990. Otro tanto ocurre con el Jeep Comanche, con 8 ranuras en el frontal.
En 1998, las siete ranuras empezaron a ser consideradas oficialmente como un símbolo de Jeep, por lo que todos los vehículos de la marca desde esa fecha se comercializan desde entonces con este frontal de rasgos inconfundibles.
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